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La lectura

Una herramienta universal al alcance de todos


150 Autor(es): Liliana Beatriz Moral
Categoría: Ensayos
Palabras claves: lectura, comprensión, técnicas, evaluación
Valoración: (0 voto)

Licencia: GNU Free Documentation License


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Resumen

































































































































LA LECTURA


Recurso básico para el desarrollo humano, sociocultural y económico






El libro pareciera estar ajeno al cuerpo, y así lo entendía Jorge Luis Borges cuando, en una conferencia dictada en la Universidad de Belgrano, decía:

“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de la vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.”

Alguien hizo un paralelismo entre el cuerpo y el libro, dijo que sus partes provienen de nuestra corporeidad. A la carilla la relaciona con la cara; la primera página, la carátula, significa “máscara”. El término encabezamiento contiene a la palabra “cabeza”. Para referirse al costado del libro se le dice lomo. El espacio que se deja al costado izquierdo al comenzar un párrafo se denomina sangría. Cuando se recorre con la yema de los dedos el listado de temas, se encuentra el índice, y cercano a éste, a modo, de suplemento, un apéndice. A su vez los libros tienen glosario, compuesto por el prefijo glos: lengua. Si se dobla los bordes de las hojas están las orejas; y, por supuesto, toda aclaración se hace al pie de la página.

Demás está decir que todo buen libro, al igual que los cuerpos, poseen cubiertas con solapa. A su vez el clásico libro de estudio escolar es llamado manual, palabra que proviene de mano. Culmina diciendo, que el libro, espacio de representación, objeto que contiene y soporta la letra, ha sido bautizado a imagen y semejanza del cuerpo humano.( Concepto extraído de la revista Radar, suplemento de Página 12, 2001).

Aseveró Ítalo Calvino: “... La lectura no es comparable con ningún otro medio de aprendizaje y de comunicación porque ella tiene un ritmo propio que está gobernado por la voluntad del lector; la lectura abre espacios de interrogación, de meditación y de examen crítico, en definitiva de libertad; la lectura es una correspondencia con nosotros mismos y no sólo con el libro, sino con nuestro mundo interior a través del mundo que el libro nos abre”.

La lectura es la puerta de entrada al conocimiento que perpetúa a lo largo de nuestra vida y debemos manejarla como una herramienta universal.

Sólo el que la domina hábilmente sabe los beneficios que proporciona, porque se utiliza en casi todas las actividades de la vida, desde las más simples a las más complejas.

Leemos para:

¨ Convivir y cooperar con los demás y con nosotros mismos.

¨ Investigar sobre aquello que nos interesa.

¨ Nutrir nuestra imaginación y entretenernos.

¨ Saber más sobre la realidad que nos rodea, etc.

Leer nos hace automáticamente coautores de lo que leemos. No hay un texto que solamente sea tal como lo concibió el autor. Existen tantos textos como personas que lo lean, porque un texto nunca está acabado sin la participación del lector que lo completa con su propia imaginación.

Por lo tanto, habrá tantos textos como personas que lo lean, comprendan y decodifiquen.

Un texto requiere de un lector ávido: leer con el anhelo de llegar al final es un simple acto pasatista y con una connotación irreflexiva.

Leer no es sólo descifrar códigos. Leer forma parte del aprendizaje significativo.

El “lector cómplice”, concepto utilizado por Julio Cortázar, participa mientras lee, escribe su propio texto.

La escuela debe dar al niño, a través de la lectura, un espacio para que discuta, fantasee, hipotetice, conozca, abra juicios, plantee nuevos interrogantes, es decir, sienta la íntima necesidad de leer.

Según la Ley Federal de Educación,... “la Literatura amplía el horizonte de expectativas del lector y permite formar hábitos de lectura, desarrolla la sensibilidad y la capacidad de apreciación, favorece la comunicación de las propias vivencias y la socialización. Remite la formación de escalas de valores, desarrolla la percepción y la profundización de juicios afianzados por una lectura crítica.

Si la lectura no es cerrada sino abierta a nuevas significaciones, permite cambios en la conducta del lector”.

Hoy por hoy, la política educativa no incorpora planes de incentivación a la lectura, como sucedía años atrás con la famosa “lectura sostenida”, que consistía en que todos los miembros de la comunidad escolar destinaran diez minutos de la primer hora de clase a leer cualquier tipo de texto.

También durante algunos años, dentro de las horas de Lengua, se destinaba algunas de ellas a la lectura exclusivamente.

Son tantos los contenidos a desarrollar en la escuela, que la lectura pasó a un segundo plano, donde se da por sabida la comprensión y no existe un debido detenimiento a su existencia como tal.

Enseñar a comprender lo que se lee no es tarea fácil sino se crea el hábito desde los primeros años de la enseñanza, inclusive desde el nivel inicial, donde la comprensión auditiva es el preludio a la lectora.

Esta última debe ir creciendo en complejidad teniendo en cuenta el desarrollo madurativo de los niños. De nada sirve escoger textos con un vocabulario extravagante, que sólo lograría confundirlos y perder el interés de lo que leen.

Cada vez, en nuestro país se lee menos literatura en las escuelas, comparándola con otros países más desarrollados, como Estados Unidos, donde obligatoriamente se leen de seis a siete libros por año.

El exigir, a veces, forma parte de camino al éxito.

Según afirmó Filmus, Ministro de Educación: “ Estamos frente a una crisis que data de tres o cuatro décadas atrás, donde la educación se ha ido desvalorizando y la única manera de salir de ella es cambiar el rumbo.”

Cuando hablamos de crisis nos referimos a un sinnúmero de factores, que van desde lo económico hasta lo meramente pedagógico, repercutiendo negativamente en lo social.

La crisis nos empuja a la construcción de algo nuevo. Es la misma sociedad la que ha ido desjerarquizando los valores hasta entonces existentes. Es la educación el medio más apropiado para ir reconstruyendo esa escala de valores perdida. Educar en valores es orientar a nuestros niños y adolescentes hacia un concepto de vida con sentido propio.

Decía Jaime Barylko al respecto: “ Es parte de la crisis hablar de crisis y no definir en qué consiste, ni mucho menos preguntarse qué se hace para emerger de esa situación de rotura.

Porque krisis, del griego, significa rotura, el piso que se agrieta bajo los pies y el tembladeral que amenaza. Pero en esa misma raíz, del mismo griego krinei, está la capacidad de crí-tica y de cri-terio, que es pensar, discernir, y por lo tanto crecer. Toda crisis es pérdida para atrás y crecimiento para adelante”. (En busca de los valores perdidos.)

Los salarios docentes, magros y estancados, imposibilitan una adecuada actualización profesional. Esto trae aparejado un pobre accionar pedagógico, que no está acorde al tiempo en que vivimos y como consecuencia, es en los alumnos donde recae esta falencia.

Concebimos a la educación como un proceso mediante el cual se desarrollan las potencialidades del hombre y que finaliza con la conclusión de la vida. Esto es que, el ser humano, es por excelencia educable desde su nacimiento y que los conocimientos se van construyendo unos sobre otros, a lo largo de su existencia.

El esquema educativo debe cambiar lo más raudamente posible, pero antes de hacer un giro, se deberá consensuar qué esperamos de nuestros niños. Son ellos los hacedores del futuro. Son ellos los que van a evaluar la política educativa actual dentro de unos años.

Hagamos un esfuerzo todos, como sociedad a la que pertenecemos, a aprender a observar y ver qué necesitan y nos vamos a dar cuenta de la realidad que nos rodea.

La sociedad actual recibe modelos que ponen de manifiesto la cultura “del tener”, induciendo al consumismo y desdeñando los valores intelectuales, estéticos y éticos, como los de mayor importancia para el crecimiento personal y social.

Hace unos años atrás, y también hoy, culpábamos a la televisión por su influencia negativa frente a los chicos. Procedamos por el absurdo; utilicemos la televisión, pero sabiamente, buscando el nexo de unión entre los educandos y un posible aprendizaje. Extraigamos lo bueno que puede haber en ella y tracemos su prolongación al libro o al periódico.

Dice la Ley Federal de Educación: “que los medios masivos de comunicación, constituyen un saber con sus propios límites y un lenguaje que se integra con otros lenguajes. Estos forman parte también de los saberes sustantivos del hombre hoy.”

Demás está decir, que la computadora resta horas a nuestros niños, pero tampoco descartemos su presencia, porque sería imposible de manejarlo. Apliquemos aquí estrategias inteligentes. Valoremos su utilidad como recurso de aprendizaje.

Convengamos que la lectura es nuestro contacto más preciado con la realidad.

La importancia de leer no nace y muere en sí misma, sino que se traslada a todo aquello donde la habremos de utilizar. Si hablamos del ámbito escolar, reconozcamos, que una pobre comprensión dificulta el buen desenvolvimiento en otras materias, como Historia, Geografía, Matemática, etc.

Ni hablar de la incidencia que tiene con la ortografía. Si bien no está del todo probado que la lectura garantiza la buena escritura de las palabras, su ejercicio siempre será beneficioso para la educación en general.

Las estadísticas demuestran que el fracaso en los exámenes de ingreso en las universidades argentinas dan cuenta de este terrible caos.

La comprensión lectora debe ser evaluable, pero no sólo en las universidades. Se debe evaluar desde el nivel inicial e ir progresivamente aumentando su complejidad a medida que transcurren los años.

Entendemos que comprender implica construir el sentido, tanto en direccionalidad como en sentimiento, es decir, conocer valorando.

Esta clase de evaluación debe de ser motivadora y debe generar ansias de superación por parte de los alumnos. Debe ayudar al niño a encontrar sus límites y potenciar sus destrezas. No debe ser rígida, sino elástica en el sentido de poder brindar a los educandos oportunidades para reparar sus falencias. Muchas veces, una mala evaluación repercute negativamente en los niños, por subestimar lo que ellos mismos produjeron.

Siempre hay un antes y un después de una evaluación, puesto que ésta presupone el grado de conciencia destinado al proceso de aprendizaje.

Una verdadera evaluación descarta todo prejuicio y se inclina hacia un real cambio de postura. Debería ser un estímulo puesto de manifiesto en todo acto de conocimiento.

Nada ni nadie nos quitará el saber comprender si fue bien enseñado y fue bien aprendido.

Tenemos que encontrar la calidad de educación perdida elevando los niveles de exigencia. Debemos ser flexibles, pero a la vez firmes en este aspecto.

Los jóvenes que no aprenden es porque carecen de la cultura del esfuerzo. Su voluntad no ha sido fomentada desde chicos. La voluntad es determinación en lo que se quiere lograr, solidez en los objetivos y resistencia frente al fracaso.

Aquel que tiene educada la voluntad es más libre y puede dirigir su vida y no se es más libre cuando se hace lo que se quiere, sino cuando se tiene la capacidad de elegir entre lo bueno y lo malo.

Hoy en día la escuela no puede competir con todos los estímulos externos que están bombardeando constantemente a nuestros alumnos. Para los niños, la escuela es lenta, aburrida, los contenidos que se les enseñan no tienen relevancia para sus vidas. Hay que redescubrir su motivación. Hay que conocer sus códigos y adentrarnos a través de ellos.

Actualmente parece que la palabra “ plaza” se fugó del diccionario y se transformó en la palabra " ciber."

No es tan atrapante jugar a los autitos como simular manejarlos frente a una pantalla.

Los “dormilones” se convirtieron en esbeltas Barbies, que lo único que logran es crear una pseudoimagen femenina.

Los “dibujos animados” se disfrazaron de monstruos salvajes y deformes cargados de violencia.

Dejemos de ser compradores compulsivos de todo aquello que nos rodea.

Miremos un poco atrás y volvamos a las bases.

Hay una dicotomía tan grande entre el ayer y el hoy, que nos cuesta mucho construir el futuro.

Hoy, los niños, están alertas a todos los problemas que son ajenos a ellos y que pertenecen al mundo de los adultos, pues no encajan en sus estructuras mentales. Estos problemas ocupan sus mentes y estas no pueden estar abiertas a la fantasía.

Insertemos la lectura aunque los resultados los veamos a mediano plazo. Esta inserción debe hacerse tanto en la escuela como en el seno del hogar.

Para la psicopedagoga Margarita Eggimann “ uno de los motivos de la crisis educativa es que hoy los chicos están expuestos a demasiados estímulos, que hacen diferentes actividades en simultáneo y se acostumbran a no darle a cada cosa el tiempo que su aprendizaje requiere. Se cansan antes de empezar. También asegura que a los padres cada vez les cuesta más poner límites; tienen miedo de frustrarlos”.

Seamos nosotros, los adultos, agentes multiplicadores de experiencias.

Debemos educar con el ejemplo. Debemos ser el referente del niño o del joven. Si no hay modelos de vida no hay conquista alguna. Por eso, comencemos por cambiar nosotros.

Este es el pantallazo más claro de una sociedad desnutrida, donde la invade una gran pobreza espiritual. El escenario de esta triste realidad no lo podemos cambiar, pero sí podemos modificar los roles protagónicos de sus actores.

Debe quedar de manifiesto que la actividad específica de la escuela, como institución, es meramente pedagógico. Hoy en día, muchas de ellas, especialmente las más humildes cumplen funciones de asistencialismo, dando de comer, de vestir, repartiendo útiles escolares, consiguiendo medicamentos, etc. No está mal que lo haga, pero esto debemos dejárselo a los gobernantes.

Si bien nosotros no estamos dotados de una política económica acorde a nuestras necesidades, se podría instaurar algunas estrategias para poder apalear esta dificultad, es decir, poder acercar el libro al niño.

Llevar el libro al niño no implica que se les dé el nombre de un libro, que lo compren y que lo lean en casa de deber.

Que sea el docente quien lea con ellos en clase, que juntos disfruten línea por línea lo que el texto dice. Que de tanto en tanto se haga una pausa para dejar a los alumnos a que se expresen libremente; esto hará aumentar su juicio crítico.

El libro debe ser saboreado como un helado, lentamente, en un clima tranquilo, para que todos los sentidos interactúen eficazmente.

Enseñémosle que aprendan a extraer del texto todo aquello que los nutra. Que traten de captar el mensaje y que confronten ideas si es que no están de acuerdo. Que, como personas que son, rescaten los valores que el autor quiere transmitir y lo trasladen a sus propias experiencias personales.

Que sepan discernir lo más importante de aquello que no lo es.

Todo esto es posible si el docente trabaja con ahínco y con responsabilidad. Es él quien debe ser el animador principal en un principio, para ir “corriéndose” y pasando su responsabilidad inicial al niño. Es él quien debe tener una actitud comprometida frente a sus alumnos partiendo de la observación. Debe ser un docente facilitador, es decir, propiciar el proceso de aprendizaje.

Una de las razones fundamentales que argumentan los estudiantes para no leer, es el tipo de lectura impuesta por los docentes, que no responden a sus expectativas, ya que algunos textos son aburridos, extensos, complejos y difíciles de entender.

También depende del criterio del educador para escoger lecturas que sean del gusto de sus alumnos. Es por esto, que lo conveniente sería realizar un sondeo, a manera de prueba, para conocer los temas que más preocupan o interesan a los niños.

El mejor texto es el que invita al lector a leerlo desde la primera frase. La enseñanza de la Literatura debería comenzar con textos que fueran atractivos para los educandos.

Para leer un libro y conseguir comprender lo que nos quiere transmitir, lo ideal sería realizar primero una lectura rápida o indagatoria y luego, otra más lenta y analítica.

La lectura rápida es aquella que le da al alumno una noción del contenido del texto. Se repara en todos los paratextos, es decir, en todo aquello que rodea al texto, como títulos, índices, ilustraciones, gráficos, etc.

La segunda lectura, más lenta y minuciosa, permite al niño enfrentarse al texto de una manera más cuestionadora para poder alcanzar los núcleos centrales.

La comprensión lectora se divide en tres fases: la habilidad para comprender literalmente lo que está escrito, la habilidad para descubrir lo que está implícito y la destreza para evaluar la calidad del texto.

La mayoría de las veces, los docentes apuntan a trabajar la primera de ellas, descartando las otras dos. Consideran que si los alumnos responden bien a una serie de preguntas referidas al texto hubo comprensión lectora.

La segunda fase consiste en hacer preguntas inferenciales, es decir, aquellas cuyas respuestas no están escritas, sino que apuntan a la verdadera comprensión. Es la habilidad de comprender algún aspecto determinado del texto a partir del significado del resto. Consiste en superar lagunas que por causas diversas aparecen en el proceso de construcción de la comprensión (Anderson y Pearson, 1984). También en esta segunda fase la elaboración de resúmenes permite analizar el grado de comprensión de los alumnos, midiendo las aptitudes que tienen en la jerarquización de la información. Esto es, que si el niño tiene la capacidad de rescatar lo más importante y omitir o eliminar lo menos relevante, hubo una buena jerarquización de ideas y la comprensión fue alcanzada.

En esta etapa aplicar el procedimiento “cloze” ( W. L. Taylor, 1953) es una manera de evaluar también, la comprensión. Este método consiste en la incorporación de ciertas palabras que faltan en un texto, y además sirve para desarrollar conductas y destrezas lectoras: mejorar el vocabulario, aprender una disciplina y adquirir el código escrito. La idea básica es que el lector sólo pueda completar el texto correctamente si utiliza todas las pistas que éste ofrece. Obviamente esta estrategia dará mejores resultados si se apoya en alumnos donde sus saberes previos sean lo suficientemente elevados.

En la tercera fase reviste protagonismo la afectividad, el juicio crítico y la valoración. Si bien es subjetiva, con ella podemos ahondar al grado de comprensión al que han llegado los alumnos.

El nivel sociocultural al que pertenecen los niños y jóvenes de nuestras escuelas es determinante a la hora evaluar la comprensión, puesto que el manejo de un vocabulario más rico, de un abundante bagaje cultural y de un opulento patrimonio de experiencias condicionan su éxito.

Según Bajtín: “...el que comprende se acerca a la obra con una visión del mundo propia y ya formada, desde sus posiciones. Y estas posiciones se someten a la acción de la obra que siempre aporta algo nuevo. El que comprende no exceptúa la posibilidad de un cambio o de un rechazo a su propio punto de vista(...). En el acto de la comprensión se lleva a cabo una lucha, cuyo resultado es un cambio y un enriquecimiento mutuo”.

La comprensión, muchas veces, se torna dificultosa por la presencia de vocabulario desconocido por el lector. Es por ello que conviene tener la presencia del diccionario siempre al lado del libro. Pero, el hecho de cortar el hilo de la narración para buscar una palabra, desencadena un serio rechazo. Por este motivo es de suma importancia enseñarles a los alumnos poder descubrir un significado “por contexto”, es decir, valerse de las palabras vecinas que rodean a la palabra en cuestión y así tener una leve apreciación de su sentido.

La incidencia de la comprensión lectora se traslada también, a la escritura. El que no lee asiduamente no tiene incorporado los códigos de coherencia sintáctica, no encuentra las palabras que representen su idea y no hay una buena organización de los datos.

Muchos alumnos lo que hacen es escribir su “oralidad”, vale decir, escriben como hablan. No poseen un correcto manejo de los signos de puntuación, es por ello, que muchas veces los obvian y como resultado, construyen extensas oraciones carentes de sentido.

Debemos enseñarles a nuestros niños que cada idea es representada por una oración y que le den significación a lo que escriben.

Comencemos a guiarlos a que produzcan oraciones simples. Luego, a que utilicen la adjetivación para darle mayor volumen y que resulten más atractivas.

Una vez que aprendieron a escribir oraciones se debe pasar al párrafo. Explicarles que es un conjunto de oraciones que convergen en un mismo tema.

Posteriormente nos introducimos en un plano más complejo, que es el texto propiamente dicho.

El hecho de hacerlos escribir cuentos o relatos muy extensos no ayuda a encaminarlos hacia una buena escritura.

Lleva mucho tiempo obtener un provechoso resultado teniendo en cuenta todos estos aspectos, pero se puede. Todo depende de la habilidad del docente, de su experiencia y de sus ganas de proyectarse hacia una adecuada formación.

La escritura, como proceso, no consiste en plasmar en una hoja lo que uno tiene adentro. Si no, en engendrar ideas buscando la palabra justa, el momento justo y en la justa circunstancia.

Al escribir, las palabras brotan como agua del manantial, la mano es una fiel servidora de la conciencia.

El autor, al escribir, tiene presente al receptor, como en un acto conversacional.

La escritura es el reloj que despierta al pensamiento. Es el sustento en el que se basa todo conocimiento.

Para escribir se necesita de un estímulo, de una idea disparadora, que movilice en nosotros todos los sentidos y que aglutine las palabras apropiadas para que sea fiel reflejo de lo que queremos expresar; y no nos olvidemos que: “ A escribir se aprende escribiendo, tachando, corrigiendo, por ser simplemente un acto del conocimiento”.

Hay dos posturas bien marcadas en la enseñanza de la Lengua: la “gramaticalista” y la “textualista”.

La primera prioriza la enseñanza de la Gramática. La segunda sostiene que esta última debe ser enseñada en función del texto.

Ambas son pilares donde se edifica la Lengua y sobre donde debemos construir un aprendizaje constructivista.

Una se apoya en la otra. Deben coexistir como si fuera una relación simbiótica.

En cuanto a los errores de ortografía, cuando el docente los corrige, los alumnos raramente reparan en ellos. Sólo se interesan por la nota o concepto final. Piensan que la ortografía es un desafío al que no pueden enfrentar sin ser vencidos.

La corrección debería ser sistemática, en el sentido de que se debería realizar frente al alumno, en el momento en el que está escribiendo y que de esta manera logren aprender a partir del error.

Si la corrección es tardía no surte efecto porque se destemporalizó del acto de aprendizaje. Hay un corrimiento en el espacio temporal.

El tiempo dedicado a la Lengua en las escuelas es tan limitado que impide emplear esta estrategia con éxito.

Otras de las falencias que se desprenden del sistema educativo, además de la carencia de una suficiente carga horaria destinada a la Lengua, es la apagada preparación en la formación de los maestros para enfrentar este acto complejo, que es la lectura.

Esto requiere, como se lo mencionara más arriba, de un docente activo, que quiera involucrarse con un alto compromiso ante sus alumnos.

Todo educador deberá estar abierto al progreso y a las innovaciones. Esta postura es la única que puede garantizar la formación de las nuevas generaciones.

La comprensión lectora no debe ser privativa del área de Lengua. En todas las demás áreas debería evaluarse el uso de la comprensión, como herramienta válida en toda su extensión.

Tanto la lectura como la escritura son el alma y el cuerpo de la Lengua. Son las que condicionan su existencia. De un buen aprendizaje depende que estos dos actos de conocimiento puedan trascender en el tiempo.

Por lo anteriormente mencionado, el aprendizaje debe tener un ritmo lento, paulatino, pero firme y contundente.

Otra vez aquí, el rol del docente ejerce su influencia. No se puede hablar de un aprendizaje sin un orientador, alguien que construya un andamiaje entre el saber y el aprender.

Cuando hablamos de saber, no nos referimos al saber netamente intelectual; el saber afectivo también deja su impronta.

Expresaba Fernando Chamorro: “¿Qué nos queda a los maestros? (...) Nos queda entonces un refugio: el lado humano de nuestra profesión. Estoy convencido de que la profesión de maestro es un ejercicio de valoración humana, de ternura y comprensión. (...)

Ser maestro es, entonces, saber cimentar desde la práctica cotidiana ese espíritu de solidaridad que nos diferencia de las máquinas. Ese es un flanco de nuestro trabajo en el cual difícilmente dejaremos de ser útiles.”

Por otra parte, la falta de comprensión lectora se relaciona con:

¨ La presencia de los hipertextos electrónicos, que no se construyen a través de estructuras lineales sino, estableciendo vínculos en múltiples direcciones.

¨ Un cambio en la mentalidad causado por los medios electrónicos.

¨ La tendencia del sistema educativo que sigue utilizando métodos tradicionales de enseñanza y evaluación.

¨ El cambio de nuestros alumnos en su manera de organizar la información y el conocimiento.



Si los docentes se proponen “enseñar a pensar”, por ende se alcanzaría la comprensión lectora, sin dejar de manifestar que este proceso surge como una actividad personal y voluntaria. Es aquí donde se ponen en juego todas las habilidades que le permiten organizar e interpretar la información textual apoyándose en sus conocimientos previos.

Las estrategias para la comprensión de textos se pueden enseñar, siendo la práctica el sustento de su eficiencia, y los resultados se podrán visualizar a través del tiempo.

A continuación se describirán algunos ejercicios para obtener microhabilidades para la comprensión lectora, basados en el libro de Cassany, Luna y Sanz: “Enseñar Lengua”.

1. Percepción: consiste en adiestrar el comportamiento ocular del lector para incrementar su eficiencia lectora. Algunos de los ejercicios son:

1.1- Ampliar el campo visual, es entrenar al lector a ver más letras en una sola mirada.

1.2- Reducir el número de fijaciones. Los lectores con un campo estrecho y pobre tienen que realizar más fijaciones para leer lo mismo que leen los expertos con unas pocas fijaciones amplias.

1.3- Desarrollar la discriminación y la agilidad visual. Los alumnos tienen que ser capaces de discriminar palabras parecidas en poco tiempo, de mover los ojos con rapidez, etc.

1.4- Percibir los aspectos más significativos. Esto es, reconociendo mejor una letra por la parte superior que por la inferior; también es más decisiva la raíz de una palabra que su terminación, y solemos fijarnos más en el principio de una frase y del párrafo que en resto.

2. Memoria a corto plazo: consiste en retener las palabras leídas durante algunos instantes para ir relacionándolas con las venideras.

3. Anticipación: El éxito de la comprensión depende de todo lo que hayamos podido prever antes de leer el texto. Por ejemplo, prever el tema y las ideas a partir del título, de las fotografías, de los dibujos; fijarse en los subtítulos, etc.

4. Lectura rápida y lectura atenta. Al principio nuestra vista da una ojeada general y, a veces, busca algún dato concreto que nos interesa conocer antes de iniciar la lectura concreta.

5. Inferencia. Es comprender algún aspecto determinado del texto a partir del significado del resto. Los lectores expertos aprovechan todas las pistas contextuales.

6. Ideas principales. Los alumnos tienen que poder comprender ideas principales, pero también la estructura o la forma del texto.

7. Estructura y forma. Además de los aspectos formales del texto ( estructura, presentación, estilo, etc.) se debe tener en cuenta las propiedades textuales (coherencia, cohesión, adecuación, corrección, etc.

8. Leer entre líneas. Es la capacidad de poder descifrar todo aquello que no se formula explícitamente, sino que queda parcialmente escondido: sobreentendido, supuesto ambiguo, o que depende de la intención del autor y de la interpretación del lector.

9. Autoevaluación. Es el control que todo lector ejerce sobre su proceso de comprensión. Saben cuándo tienen que leer deprisa o despacio, cuándo hay que releer un fragmento confuso y cuándo hay que inferir su sentido por el contexto.



Hay infinitas técnicas que se pueden aplicar para lograr una exitosa comprensión. Pero si partimos de aquellas que son lúdicas y entretenidas alcanzaremos eficazmente nuestro propósito. Algunas de ellas pueden ser:

¨ Crucigramas

¨ Sopa de letras

¨ Anagramas deshechos

¨ Grillas

¨ Acrósticos

¨ Autodefinidos

¨ Tests



Son innumerables los recursos a los que se puede acceder para poner en marcha el objetivo pedagógico buscado:

¨ La prensa, como fuente inagotable de material de lectura.

¨ La Literatura, como espejo donde los alumnos deben buscar modelos, como expresión ética y estética de la historia y como la realidad de una cultura.

¨ Textos de circulación social: son textos que no han sido elaborados para la enseñanza, pero que aportan genuinidad y diversidad. Ejemplos de estos pueden ser: la publicidad, cartas personales, notas, telegramas, etc.

¨ Material de consulta: son auténticos instrumentos de aprendizaje. Como por ejemplo: los diccionarios, las enciclopedias, las gramáticas, etc. Saber leerlos significa, de algún modo, saber aprender y poder aprender de manera autónoma.

¨ Libros de textos: son textos expositivos que responden a temas curriculares de cultura general ( Historia, Geografía, Lengua, Física, etc.). Puesto que el contenido es el conocimiento, los alumnos suelen leerlos de una manera más reflexiva y meticulosa, pero no necesariamente esto implica que hubo comprensión si no hubo un aprendizaje significativo. Es menester aplicar en estos textos la comprensión lectora. En vez de pedirles que estudien un determinado tema se les podría sugerir que hicieran un esquema, que subrayen las ideas principales, que ordenen los párrafos, que anticipen ideas a partir del título, etc.

¨ Textos de los alumnos: son los redactados por los propios alumnos. Pocas veces se tienen en cuenta porque no aportan ideas nuevas, no son buenos modelos, contienen incorrecciones y problemas caligráficos. Pero son útiles para entender caligrafías distintas de la propia, para dominar la autocorrección, la revisión y la reformulación. En una palabra, tienen que aprender a leer y corregir sus propios borradores.

Como conclusión se puede afirmar que quien transita por las aulas, a lo largo de los años, es testigo de los cambios en la sociedad y ve cómo estos giros repercuten en la mentalidad del alumno. Es por este motivo que el docente, como fiel servidor de su vocación, debe manifestarse adecuándose y proyectándose por y para sus alumnos.

No hay demasiados maestros que dominen correctamente la lengua que enseñan, y son los menos los que tienen una capacidad expresiva interesante como correspondería a la persona que tiene que incentivar y conducir la expresión.

Además, en toda escuela, en el Proyecto Educativo Institucional, se debería establecer un apartado especial destinado exclusivamente a la Lengua. Este constaría de procesos básicos de comprensión, de una normativa y una gramática adecuada para cada año, que no sea repetitiva, porque sino se tornaría aburrida y lenta. Al finalizar cada año se debería ir evaluando el proceso y así, de este modo, quedaría constituido un hilo conductor coherente y seguro.

La recompensa más grande será ver los resultados obtenidos. El tesón del docente puesto de manifiesto se reflejará en su accionar cotidiano, y si cuando pasan los años, lo recuerdan por sus estrategias utilizadas y añoran de su presencia, significa que su siembra dio frutos buenos. Si, por el contrario, cae en el olvido de ellos, es momento de replantearse cuáles fueron sus falencias y... ¡ Siempre se está a tiempo de cambiar!.

ENVIADO POR: Liliana Beatriz Moral

DNI 16 068 565

Bahía Blanca- Buenos Aires

TE: 0291-4862154

Mail: fenogliojuancarlos@ciudad.com.ar


















































































































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